en el sillón
Hay un sólo hombre que me llama mucho la atención. Y es un HOMBRE. Acostumbrada a los chiquilines –a los pendejos- éste me descoloca. Llamémoslo “El nono”, porque a veces cuando hablamos en joda le digo así. El nono tiene algo que te deja pensando. Te habla, y sucede que no querés escuchar sus cosas, pero te quedás colgada de algún lado y lo escuchás, te prendés y te enganchás en lo que te dice (aunque intuyas con razón que es puro chamuyo).
Bueno, mi historia con El nono nació hace 1 año más o menos. Él me perseguía por algunos rincones en común y después de mucho chat, mucho mensaje y mucha llamada (que a todo esto me pregunto cómo consiguió mi mail) decidimos vernos a solas. Me pasó a buscar, y yo siendo la pendeja que soy para todos, me hice la “obvio que no hay problema, pasa por casa y vamos por ahí”. Él sabía que iba a pasar algo, y yo también lo sabía, (y muy insegura de si realmente quería algo) algo me hizo decir que sí (la curiosidad, el impulso o la novedad). Me llamó cuando llegó a la esquina y bajé en su encuentro.
Se río al verme, de esas risas en que no sabés cómo comenzar. Me miró y se quedó un rato mirándome. Y a pesar de mi super aspecto de llevarme el mundo por delante, mi timidez superó el momento y solté una risita de nena. Me dijo algunas palabras lindas que no recuerdo con exactitud y arrancó el auto; fuimos a dar unas vueltas por ahí, mientras hablábamos del motivo por el cual habíamos pospuesto tanto el encuentro. Terminamos en su casa. Un pasillo largo conduce al patio interno, living, comedor, habitación y baño que me mostró (por qué algunos hombres hacen eso?) hablándome de muebles, cuadros, momentos de su vida en que se mudó ahí, etc. Algunas pertenencias de su novia decoraban el departamentito a todo culo de El nono.
-¿Querés tomar algo?
“Agua”, le dije.
En la cocina, me sentó en la mesada. Ya a esta altura yo me dejaba llevar y pensaba que la estaba pasando demasiado bien, muy a pesar de mis prejuicios. Momentos de silencio, momentos de miradas intensas. Ahí, amagó un beso. Me bajé, esquivándolo muy sutilmente, y me dirigí al living. Prendimos la tele, hablamos de boludeces, y terminamos en su sillón.
Mi cabeza iba a mil, pensando en qué pasaría con El nono, pero se detuvo en el momento en que él comenzó a acercárseme, diciendo no sé cuántas cosas sobre mis besos. Terminamos besándonos, como queríamos. El nono besa bien, te espera, te busca, te calienta.
Tiene un no sé qué que te convence. Esa noche yo tuve un no sé qué que me dejé convencer. Y ambos tuvimos un momento bastante caliente en el sillón de su comedor.
Bueno, mi historia con El nono nació hace 1 año más o menos. Él me perseguía por algunos rincones en común y después de mucho chat, mucho mensaje y mucha llamada (que a todo esto me pregunto cómo consiguió mi mail) decidimos vernos a solas. Me pasó a buscar, y yo siendo la pendeja que soy para todos, me hice la “obvio que no hay problema, pasa por casa y vamos por ahí”. Él sabía que iba a pasar algo, y yo también lo sabía, (y muy insegura de si realmente quería algo) algo me hizo decir que sí (la curiosidad, el impulso o la novedad). Me llamó cuando llegó a la esquina y bajé en su encuentro.
Se río al verme, de esas risas en que no sabés cómo comenzar. Me miró y se quedó un rato mirándome. Y a pesar de mi super aspecto de llevarme el mundo por delante, mi timidez superó el momento y solté una risita de nena. Me dijo algunas palabras lindas que no recuerdo con exactitud y arrancó el auto; fuimos a dar unas vueltas por ahí, mientras hablábamos del motivo por el cual habíamos pospuesto tanto el encuentro. Terminamos en su casa. Un pasillo largo conduce al patio interno, living, comedor, habitación y baño que me mostró (por qué algunos hombres hacen eso?) hablándome de muebles, cuadros, momentos de su vida en que se mudó ahí, etc. Algunas pertenencias de su novia decoraban el departamentito a todo culo de El nono.
-¿Querés tomar algo?
“Agua”, le dije.
En la cocina, me sentó en la mesada. Ya a esta altura yo me dejaba llevar y pensaba que la estaba pasando demasiado bien, muy a pesar de mis prejuicios. Momentos de silencio, momentos de miradas intensas. Ahí, amagó un beso. Me bajé, esquivándolo muy sutilmente, y me dirigí al living. Prendimos la tele, hablamos de boludeces, y terminamos en su sillón.
Mi cabeza iba a mil, pensando en qué pasaría con El nono, pero se detuvo en el momento en que él comenzó a acercárseme, diciendo no sé cuántas cosas sobre mis besos. Terminamos besándonos, como queríamos. El nono besa bien, te espera, te busca, te calienta.
Tiene un no sé qué que te convence. Esa noche yo tuve un no sé qué que me dejé convencer. Y ambos tuvimos un momento bastante caliente en el sillón de su comedor.
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Firulete
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- porque mi vida es pura paradoja… parezco llevarme el mundo por delante, y aunque a veces lo haga, por dentro soy bastante diferente. No me enrosco por nada, y soy muy impulsiva; si lo siento y lo digo, es así, sale y se forma un firulete. Pero en algunos casos, me quedo pensando, como tildada, me enfrento a mis dudas, a mis miedos y me descubro no tan yo. - Igual no te confundás, soy una mujer como muchas y como pocas!
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